La almorrana de Alonso

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21092010

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La almorrana de Alonso




El artista antes conocido como el “calvo de Telecirco” ha sudado gasolina de alto octanaje este fin de semana. Y es que la Fórmula 1 llegaba a Monza, o sea la casa de Ferrari, o sea el casoplón de alquiler de Fernando Alonso. Lobato es, sin ninguna duda, el tío que más sabe de F1 de toda España y parte del extranjero. Conoce todos los entresijos del mundillo y habla con la seguridad del que estuvo allí y no del que lo ha leído en los libros.




Pero toda su experiencia y sabiduría quedan sepultadas bajo el alonsismo exacerbado del que hace gala en cada comentario. Y claro, pierde la objetividad indispensable que demanda la profesión.
Lobato es padre, amante y biógrafo de Alonso, todo en uno. Todo monarca necesita su bufón y, en ese papel, el locutor se encuentra cómodo, esperando recibir las migajas de la atención del rey sin corona, siendo la rémora del más popular del “insti”. Cuando el semáforo se apaga, él sufre cual novia de torero y la calva se le perla de sudor frío.

Taquicardia a 350 km/h. Es como la madre del hijo yonqui, siempre lo excusa delante de las primas metomentodo: Alonso nunca tiene la culpa, no se equivoca jamás y los profesores le tienen manía. Siendo el responsable de todo este circo, no puedes ser groupie en directo del campeón español. En privado, no hay problema, pero es que hay más de tres millones delante de la tele que no comparten tu pasión roja por el asturiano. Una cosa es animar al piloto de casa, que está muy bien, y otra muy distinta es que no exista nada más que el cochecito del niño. Los otros 23 pilotos se están jugando la vida y merecen un poco de respeto.

Este fin de semana, además, Lobato ha batido de largo el récord mundial de ¡carambas! en una retransmisión deportiva. La culpa de tanto estrés la ha tenido su paisano, que ha hecho un carrerón y se ha subido a lo más alto del podio. Y ahí estaba él, mirando arrobado desde la cabina de comentarista, con ojos de madre orgullosa el día de la graduación del crío, con el deseo oculto de ser invitado a la ducha de champán. Menos mal que la enorme Nira Juanco (ejemplo de simpatía y profesionalidad micrófono en mano), Jacobo Vega y el piloto probador de Ferrari Marc Gené ponen un poco de equidad en estas dos horas de divinización alonsista.



Fuente:El Mundo


Como sigas así, Lobatín, acabaremos sacándote la bandera negra.
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Alo14

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