El 'músculo' más importante de Fernando Alonso

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05102010

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El 'músculo' más importante de Fernando Alonso




“Fernando es el tío más inteligente que he conocido, tiene que tener un coeficiente intelectual de más de 150…” Adrián Campos nos hacía esta confesión hace ya muchos años, cuando Fernando Alonso aún no era la superestrella del presente y el ex piloto de Fórmula 1 gestionaba de cerca su carrera deportiva. Sin embargo, independientemente del mayor o menor potencial intelectual del español, el aserto es válido no solo para Alonso. Porque la inteligencia y la gran capacidad cerebral resultan imprescindibles para triunfar en la Fórmula 1 de hoy.



El pasado Gran Premio de Singapur quizás fue un ejemplo extremo en esta faceta. Con 30 grados de temperatura y porcentajes de humedad de hasta el 75%, la actuación de Alonso en la carrera más dura de la temporada fue un portento de capacidad física pero, sobre todo, de concentración. Aunque el español le restara mérito al final de la prueba.

“Los pilotos cuentan con algo diferente en el cerebro”

“El cerebro, cuando se pilota, es el músculo más importante” sentencia Riccardo Ceccarelli, el más reconocido especialista en la vertiente física y mental del pilotaje, y artífice del centro Formula Medicine, por la que han pasado muchos de los pilotos más importantes de Fórmula 1, incluyendo al propio Alonso. “Los pilotos cuentan con algo diferente en el cerebro”, explica el doctor Ceccarelli, “porque tienen que ser rápidos, inteligentes, capaces de reaccionar y tomar decisiones”.

Esta faceta, digamos intelectual, se ha intensificado a medida que la Fórmula 1 se ha ido sofisticando tecnológicamente. “En general, todos los pilotos tienen talento”, dice Ceccarelli, con más de veinte años de experiencia en este deporte y más de seiscientos pilotos analizados, “ pero desde los años sesenta se ha producido una evolución: antes, correr en Fórmula 1 era más cuestión de talento puro. Con la electrónica, este deporte se ha convertido en algo más “cerebral”, ahora se exige más dotes de atención y concentración”.

El complejo de astronauta

Algún día hablaremos de cómo la inteligencia de un piloto se proyecta en ámbitos más amplios (cómo gestionar un campeonato, o la interactividad y el liderazgo con el equipo, por ejemplo), pero en lo que se refiere a controlar una sofisticada “bestia” de Fórmula 1, se exige algo más que “manos”. Un reciente debutante como Jaime Alguersuari nos podría hablar largo y tendido sobre el enorme bagaje técnico que necesita asimilar para poder sacar partido a su Toro Rosso al máximo nivel. Casi como “preparar notarías”, oiga.

Tomemos, por ejemplo, el manejo de los diferentes parámetros del complejo volante de un monoplaza, que deben ser gestionados en plena carrera y en circunstancias cambiantes. En determinados circuitos, algunos de estas modificaciones, como el reparto de frenada o los diferenciales, requieren realizarse curva a curva. No todos tienen la capacidad adecuada para manejar mentalmente tanta información mientras se conduce al límite. Recordemos, por ejemplo, los problemas de Giancarlo Fisichella con el F60 y su complejo “de parecer un astronauta”.

Durante una carrera, además, existen muchos otros muchos factores que procesar (acción en pista, rivales, interacción con el equipo, cálculos estratégicos...) bajo el esfuerzo físico de pilotar un “bicho” que no es precisamente una tortuga. Ceccarelli ha llegado a mostrar a sus incrédulos colegas cardiólogos los datos de un piloto -“actualmente, uno de los mejores del mundo”, según sus palabras- cuyo ritmo cardíaco medio en una carrera alcanzó las 184 pulsaciones por minuto durante dos horas, con picos de hasta 201. Aunque para llegar a estos extremos hace falta una brutal preparación física, su fin último es mantener al máximo su capacidad de procesamiento de información sin cometer errores. De ahí el mérito de Alonso en Singapur o de Webber en Mónaco, por poner dos ejemplos.


Una maratón para el cerebro

“Un piloto debe estar en forma para aguantar la carrera sin fatiga pero, después, para mejorar el rendimiento, su cerebro ha de funcionar más rápido, durante más tiempo…” . Por ejemplo, Ceccarelli pone el ejemplo de Robert Kubica. En un test, aparecía una palabra coloreada, y se accionaban dos teclas de “verdadero” o “falso” según palabra y color fueran iguales. El piloto polaco acierta cien sobre cien en un minuto, y es capaz de acertar trescientas sin equivocarse. Para Cecarelli “indica no solo una intensa concentración, sino también un cerebro muy veloz para procesar información muy rápidamente”. Tras el Gran Premio de Singapur del pasado año, Robert Kubica se fue a hacer “footing” por la pista… ¿Adivinan para qué? No en vano, el polaco pasa por ser uno de los mejores pilotos de la actual parrilla.

"Cuando llegas a un punto donde tu corazón trabaja bien, eres suficientemente fuerte para hacer que el pilotaje sea fácil, entonces, queda la mente”, explica Ceccarelli, “un gran premio es una maratón, pero no para los músculos, sino para el cerebro”. A partir de aquí, para un talento natural dado y una gran condición física, entramos en esa esfera que Ross Brawn definió como “Spare Brain Capacity” (Capacidad Mental Extra) , es decir, aquella parte de la mente libre para analizar y decidir, liberada de la atención que exigen los sentidos. Brawn lo vivió de primera mano con Michael Schumacher.

Si dispusiéramos de una formula que permitiera cuantificar la Capacidad Mental Extra, el coeficiente de Fernando Alonso no andaría muy lejos del que tan admirativamente le atribuía Adrián Campos para su inteligencia. Pero como no existe, nos conformaremos con su actuación en el pasado Gran Premio de Singapur. Puro músculo.
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betyross

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