La máscara ha caído, Lewis.

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02042010

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La máscara ha caído, Lewis.




Cuando ya se han enfriado las ruedas y los motores de los monoplazas después de una carrera tan al límite como vivimos el fin de semana pasado y mientras los ánimos se van calmando, le sigo dando vueltas a lo ocurrido con el hasta hace 2 años, hijo predilecto de las islas singulares que separó el Mar del Norte hace miles de años del resto del continente.



Las reacciones no se hicieron esperar al ver a su compañero de box paladear las mieles del triunfo, mientras él veía el horizonte salpicado de grava después de que “Dundee” Webber se lo llevara puesto en el preciso instante en el que, probablemente, iba a cobrarse la pieza que le iba a redimir ante los suyos de un fin de semana aciago, marcado por un numerito de ostentación ególatra de niño rico en las colonias. Pero un funcionario de la ley y el orden, con más arrestos que caballo de espartero, le daba el alto y le sacaba los colores ante cámaras ávidas del morbo que se desata en quienes las manejan, cuando su ojo indiscreto pone luz ante cualquier hecho que sea capaz de bajar a un ídolo de su peana.

Creo que este hecho le ha condicionado todo el fin de semana, su fallo en la calificación no pasando a la Q3, su espectacular reacción en carrera y su pataleta celosa al ver a su compañero y principal rival vestir con la camiseta naranja (me duelen los ojos y no precisamente por lo que significa, pero es que mira que es fea) y, mirara donde mirara ver la camiseta en todos los miembros de su equipo. Sintiéndose traicionado y sin un mínimo pensamiento de autocrítica, acudía a los micrófonos, pasándose de nuevo de frenada y a lo que nos tiene acostumbrados cuando la testosterona le satura las neuronas.

Echando la vista hacia atrás, intuyo que este chico tiene un serio problema de autocontrol y de egocentrismo debido a que siempre ha sido el ojito derecho de alguien importante que le ha hecho creerse el centro del mundo. Lo ocurrido en 2007 (lo que nos ha llegado) es digno de valorar y de tenerse en cuenta por una razón muy clara; está intentando repetir lo mismo que tan bien le funcionó contra Alonso ya que la situación le resulta familiar.
Se enfrenta a un campeón del mundo, es rápido y quiere que el equipo, a las buenas o a las malas, esté de su parte. Está utilizando a los medios, esta vez con su voz ya que en Mónaco 2007 fue su papi el que inflamó a los periodistas de la Pérfida Albión (algunos tanto que pasó a formar parte de sus empleados de comunicación en pago a los servicios prestados a lo largo del año). La diferencia es que antes tenía como contrincante al eterno enemigo desde Trafalgar, un españolito de un país sin tradición en la F1 en un equipo inglés y con un piloto inglés y de color, como adalid y ejemplo de procedencia humilde y escudo anti racista (como si esto le hiciera falta con su forma de conducir digna de los más grandes) De esta forma, Alonso fue fácil blanco de las afiladas y partidistas plumas sajonas (aquí, por contrapartida tampoco nos quedamos cortos ni por un lado ni por el otro, que de los de en medio somos pocos y raros) que dieron la coartada perfecta a Dennis para declarar la guerra, al principio oculta y después ante los micrófonos, en uno de los episodios más bochornosos y tan poco elegantes de la F1. Este episodio no es baladí ya que muchos apunta a esas declaraciones como el seísmo interno que provocó la fisura entre los de Woking y los de la estrella de plata. Pueden pagarlo caro viendo lo que supone perder el mejor motor de la parrilla y encima tener en la parrilla a tu antiguo socio como rival, ahí es nada.





Siguiendo con el hilo inicial de esta elucubración, esta vez la cosa es diferente y creo que los celos pueden hacer que la venda de su inconsciencia se vuelva más tupida y la prensa, siempre en busca de sangre famosa, le devuelva el golpe en forma de búmeran australiano lanzado por “Dundee” Webber, borrándole la sonrisa hasta de los tabloides británicos. En esta ocasión su “enemigo” es también el último campeón del mundo pero con una gran diferencia. Es inglés, cae muy bien y es muy mediático y simpático. Es como el hijo pródigo que ha retornado y que ha perdonado a aquellos mismos que le encumbraron y le bajaron de la cima del mundo sin darle tiempo de asimilar semejante montaña rusa mediática, es más, se lo deben. No se le puede reprochar en igualdad de condiciones patrias, que haya hecho trampas o haya mentido ensuciando el nombre de su escudería, no se le puede reprochar en su vuelta declaraciones altisonantes, mientras que Lewis iba gastando su crédito mes tras mes, en un mundial plagado de errores que estuvo a punto de perder contra él mismo y que a muchos ingleses avergüenza en “petit comité” como el premio al menos malo. El año siguiente otro más sonriente y simpático devolvía los honores a la Pérfida Albión con autoridad aunque ésta fuera debida a la interpretación de la lengua inglesa, que para eso es suya.

Esta vez el enemigo está en casa y tiene más buena prensa que él y ha cometido el error de repetir su fechoría. Ir a quejarse a los medios de la estrategia para hacer presión pero esta vez debe haber encontrado una frialdad tan grande en los ojos de su entrevistador que se le ha helado el alma. La máscara ha caído y ni siquiera haciendo una gran carrera el crédito es suficiente.
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Marisol
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