La otra estrella asturiana de la Fórmula 1

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22032009

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Sobrelleva con resignación el apodo de «el calvo de las carreras». En cinco años, el periodista Antonio Lobato se ha convertido, con permiso de Fernando Alonso, en el español más conocido de la Fórmula 1. Ahora cambia de cadena para cobrar, dicen, 600.000 euros por temporada. En tres semanas estará en Australia narrando el inicio del Mundial de 2009.

Por esos circuitos con estrés que son las aceras de Madrid, camina y conversa al ralentí, sosegado de zancada y verbo. Los peatones se giran al paso del brillo de su cráneo deforestado, señal identificativa que ha desembocado en apodo algo cargante. «Mira, macho, pero si es el calvo de la Fórmula 1», ha de escuchar continuamente a su rebufo. Rasurado al cero de los complejos, aguanta la fama cual santo Job:
bienaventurado sea este lastre por haber alcanzado la meta de la audiencia (picos de hasta 11 millones de espectadores). Se ha hecho tan dominguero como la paella en familia o el carrusel deportivo. «Te veo en la televisión, ahí radiando como si fuera un partido de fútbol. Nos pones a todos en onda», le halagaba en Montmeló un campechano que tiene como oficio ser rey de España.

Entre ornamentales azafatas de parasol y faldita a modo de cinturón, brilla su azotea y destaca la gomaespuma de su micrófono. Con él en ristre, se abre a incruentos empellones. Ensarta a los habitantes de la parrilla (de salida), o sea, 20 pilotos con el ego más grande que 1.000 maradonas y feos patrones millonarios a los que sus jóvenes esposas ven guapos.

Al igual que aquel gorgorito de José Ángel de la Casa tras el duodécimo gol de España a Malta, su timbre es ya historia locutada del deporte español. Antonio Lobato (Oviedo, 1965) ha puesto fonema y emoción a la onomatopeya del asfalto. Ha dado voz a derrapajes, reventones, telemetrías, cambios de neumáticos, aceleraciones, trompos y, sobre todo, a los descorches de champán de Fernando Alonso, dos campeonatos del mundo de automovilismo (2005 y 2006) para un país que no sabe ni poner las cadenas en el coche cuando caen dos copos.

«Gracias a que en España todo el mundo se cree que sabe de esto, tenemos cinco millones de espectadores en cada gran premio. Pero eso es bueno, que se comenten mucho las carreras en todos los sitios, que haya piques, tertulias, runrún… A mí me enorgullece que los lunes en las cafeterías se esté hablando de la F-1», razona él.

De su binomio con Telecinco, de 2004 a 2008, la cadena de Fuencarral mandó en el share, metió miles de millones en el banco en conceptos de publicidad y resucitó un deporte que antes provocaba zapping
instantáneo. Lobato catapultó su carrera en paralelo a la eclosión de su paisano Alonso, un dúo de asturianos que han conquistado sus respectivos podios.

Gajes de la volatilidad de la televisión o del dinero, Lobato ha cambiado de escudería. Mediapro, copropietaria de la Sexta, ha adquirido los derechos de emisión de la Fórmula 1 para cinco temporadas por 200 millones de euros y le ha reservado a Lobato un volante ganador hasta 2013. Se diría que por los nervios de la reentré lleva la L de learning colgada del occipital. Pero que nadie crea que no vaya a rebasar el límite de velocidad por bisoñez. Ha viajado en quinta largo trecho. En la Sexta promete meter la ídem.

–Para arrancar, ¿cuál es su palmarés?
–Llevo 90 grandes premios. Pero Julio Morales, subdirector del programa, está más al tanto de todos esos datos que yo.

–¿Le temblarán las canillas en tres semanas en Australia, cuando se encienda el piloto rojo de la cámara y a su vez, el semáforo verde de la temporada 2009?
–Siempre que te pones ahí delante tienes las mariposas en el estómago. Sientes una gran responsabilidad y un gran respeto por la gente que está detrás siguiendo la retransmisión. Pero yo no soy Fernando Alonso, no tengo el aplomo ni la serenidad que tiene él. Seguramente, él lo haría sin pestañear. Luego se pone todo en marcha y disimulo muy bien porque soy buen actor [hizo teatro en el campus], aunque la procesión vaya por dentro.

DEL SEAT PANDA AL PORSCHE. Lobato dio el estirón (metafóricamente, no destaca por su estatura) en la calle Cimadevilla, a la sombra de la catedral y el mercado del Fontán de Oviedo, en pleno casco antiguo de esa Vetusta que ha enamorado hasta a Woody Allen. Quiso el destino que Fernando Alonso naciera 15 años después que él apenas a cuatro manzanas de distancia.

De padre médico y madre funcionaria de Hacienda experta en sucesiones y herencias, a los 18 años se vio en la penosa decisión de dejar el terruño. No había facultad de Periodismo –su gran anhelo junto con el doblaje–, así que billete de tren, petate al hombro y a la capital. «Fue muy duro. Lo dejé todo. La familia, los amigos y hasta una novia que tenía por ahí. Me vi solo en Madrid en 1983. Mi padre, ya fallecido, quería que yo fuera abogado o médico. Le agradezco eternamente a mi madre el apoyo que me dio porque me dijo que eligiera lo que quisiera. Me fui de la casa familiar, donde aún viven mi hermana y mi madre… y ya no he vuelto a entrar», rebobina sin morriña.

El joven Lobato no fue de los de naipe fácil y botellín en la cafetería de la facultad. Residió en un colegio mayor de la Ciudad Universitaria, pasó el trance de las novatadas y desde el primer año hizo prácticas remuneradas. «En verano trabajé para La Nueva España. Con el primer dinerito que gané me saqué el carné de conducir. Pero no tuve coche hasta los 24 o los 25 años. Me compré un Seat Panda de segunda mano [ahora conduce un Porsche Cayman de 70.000 euros] que me costó baratísimo», evoca echando marcha atrás. «Lo siento. No recuerdo el nombre de aquella autoescuela ni del profesor que me dio clases», lamenta.

Cuando enfilaba la recta de tribuna de su carrera (académica), se presentó en Abc. ¿Lo de volver al hogar sin haber probado los sinsabores del periodismo?... Ni por ensoñación. En el entonces periódico de Anson curtió su sintaxis. «Cuando entré, rellené un formulario con el nivel de prioridad de una u otra sección: puse internacional, cultura y periodismo de investigación, por este orden. Acabé en deportes». ¿Le motivaba? «Bueeeeeno. Pensé: ‘Será divertido’. Luego descubrí que era muy sacrificado, que estaba muy poco valorado y que el resto de los compañeros nos veían como los tontos de deportes», confiesa al evocar el origen de vocación tan de rebote.

Los meandros de la profesión le condujeron a Radio España y, cuando alboreaban los 90, recaló en Onda Cero, donde conoció a una persona clave en su carrera: José Javier Santos, actual director de deportes de Telecinco y quien le procuraría hueco en televisión. «Me dio una oportunidad de oro y me sacó de una situación complicada. Yo estaba a punto de volver a Asturias, sin trabajo y sin expectativas. Aprendí mucho de él. Creo que luego le he pagado con creces… trabajando».

Los Juegos Olímpicos de Barcelona o sucesivas Vueltas Ciclistas a España fueron perfilando desparpajo y rigor en eventos que requieren soltura y conocimientos. Otros personajes clave en su discurrir fueron Luis Mariñas, sandokán de los telediarios, y Alfonso Azuara, la lengua más afilada de los deportes radiofónicos.

PELOTAZO INESPERADO. «Me topé con él en Onda Cero en los 90», rememora el veterano cronista. «Era buen periodista de prensa, pero malo para la radio. Tenía potencial, y yo le exigía mucho porque sabía que acabaría dándolo todo. Aguantó mucho y se fajó. Se pegó con muchos seguratas por esos campos de España para retransmitir en condiciones. Ha sido un autodidacta. El mérito de estar donde está es incuestionablemente suyo». ¿Cómo es como persona? «Un hombre poco hablador, introvertido, muy asturiano. Yo le machacaba con lo de ovetense de culo mollao y se mosqueaba mucho, porque yo soy de Gijón», apostilla Azuara entre risas.

Sin saberlo, Lobato caminaba hacia un pelotazo inesperado. En 1997 empezó a dar la cara –y el cabello que aún poblaba su coronilla– en la sección de deportes del informativo de Telecinco. En 1999 fue nombrado subdirector de deportes de la cadena; en 2004 su fama aceleró a fondo.

«Tras adquirir los derechos de la Fórmula 1, Juan Pedro Valentín [entonces director de informativos de Telecinco y ahora responsable del Canal 24 Horas de TVE] me dijo que había que buscar un narrador. Propuse unos y no le gustaron. Poco después me llamó al despacho y me puso una retransmisión mía del Giro de Italia en los años 90. Tardé más de 20 segundos en darme cuenta de que era yo el elegido. Le dije: ‘No, no, no, no, no y no’. En 2004 me fui, muy asustado, a Australia y cinco años después aquí estoy», recuerda.

Un lustro a todo meter. Cinco años en los que Lobato se ha convertido en el hombre que ha apodado Magic a Fernando Alonso, que se ha desgañitado con las celebraciones, que ha enseñado, junto al piloto Pedro de la Rosa y sus escuderos Víctor Seara y Gonzalo Serrano, los intríngulis de un gremio más hermético, cainita y tecnológico que la NASA.

«Hay mucho tiburón al que sacarle bandera negra en este mundo en que muerdes o te muerden. Entonces tienes que defenderte. Siempre les digo a algunos amigos de la F-1 que no llegan más arriba porque son buenas personas. Hay que ser un cabrón, porque todo el mundo va a por ti. Todo el mundo, para prosperar, tiene que ponerle el pie encima al que tiene al lado». ¿Alonso ha dado muchos pisotones? «Imagino que los mismos que han tratado de darle a él».

Alonso-Lobato, Lobato-Alonso, un tándem que a más de uno empalaga. No han faltado columnistas y foreros de Internet que critican la falta de objetividad del periodista y su servilismo hacia el paisano campeón. «Para desmentirlo, diría que claro que muchas veces nos hemos enfadado. Hemos pasado buenos y muy malos momentos y hemos compartido más que con nuestras familias. Lo que me cuenta como persona queda entre nosotros», aclara tajante. Raquel del Rosario, estrella del pop y esposa cuasi
secreta del piloto, no tiene celos de Lobato por culpa del tiempo que pasa junto al bicampeón. «Nunca contaría nada sobre su vida privada, cosas que no son de interés para los espectadores», dice para sepultar el tema.

Además, asegura que, en el plano corto, Alonso «no es tan soso como parece. Tiene enganchados a niños, mujeres, a los mayores. Atesora un carisma brutal. Es bromista, superabierto y divertido. Hay que reconocer que es un tío raro, y él no lo podrá negar nunca, pero tiene un halo que atrae».

–Hablando de seducciones: ¿supondría una revolución o una puñalada al gremio que algún piloto saliera del armario?
–No pasaría nada. En EEUU ha salido algún piloto del armario diciendo que en la F-1 hay un par de pilotos que aún están dentro [los cotilleos apuntan a un guapo alemán]. Tus preferencias sexuales no influyen para ir rápido y triunfar.

Grosso modo, se calcula que el locutor se embolsará más de 600.000 euros por cada temporada que retransmita con los colores verdes de la Sexta. Y tiene contrato hasta 2013. Dicen que Alonso no hubiera aceptado ser entrevistado por otro que no fuera su íntimo el sabio alopécico. «Me siento rejuvenecido. Los retos son diferentes y me he encontrado un equipo joven con muchas ganas. En Telecinco habían perdido ese brillo en los ojos, esa frescura. Y la idea de quedarme haciendo informativos no me apetecía nada. Me dolió que Telecinco dijera que las audiencias habían bajado cuando hubo una media de un 43,5 de share incluso sin Fernando Alonso en carrera», explica con una mezcla de incredulidad y pizcas de rencor.

SEGUIDOR DEL 'ATLETI'. De sus palabras se intuye un panorama incierto para la venidera expectación patria hacia este deporte: Alonso recoge bártulos, apaga el coche y se retira. ¿Adiós al interés en España por el automovilismo? «Creo que Fernando no se va a retirar hasta dentro de cinco años. Tras la era Alonso habrá mucha gente enganchada porque es un deporte complicado, más enrevesado que un partido de fútbol. Además hay muchas empresas e instituciones empujando para que aparezcan nuevos talentos», argumenta.

Tímido, correctísimo en el trato, seguidor tardío del Atleti, doblador de películas de animación como Cars, hombre anuncio para Banesto, ex miembro del jurado del Premio Príncipe de Asturias, pésimo gaitero… el ovetense tiene cuerda para rato, mas con fecha de caducidad. En la primera temporada llevaba la cuenta de los kilómetros que recorría, nómada de terminales y hoteles de lujo. Ahora no tiene tanta gracia lo de ser un trotamundos esperando la maleta en el aeropuerto de Bahrein, Osaka, Río de Janeiro, Estambul… Son más de seis meses al año sin ver a la familia. «En 10 años, cuando acabe contrato, serán más de 1.800 días fuera de casa. Por fortuna, tengo una mujer [Carmen] que aguanta este trajín, aunque está un poco harta. Pero entras, sales, te vas… Nunca sabes cuándo estás en casa. Pierdes cumpleaños, médicos,
vacaciones, tu hija [Alba, de 9 años] llora, le suceden cosas, va creciendo... Es muy duro. El hotel no huele a tu gente, a tu casa. Eso la gente no lo ve».

Los que cubren las carreras aseguran que Lobato es el primero en llegar al circuito y el último en irse. Tiene fama de no dar bola al resto de compañeros de profesión (a la competencia), y entre sus méritos está haber procurado que su equipo viaje en primera en esos viajes que devoran meridianos y husos horarios. Rehúye las proverbiales fiestas y se acuesta antes de que aflore el remordimiento. Por mérito propio, ya pertenece a esa estirpe histórica de plumillas del motor liderada por el veterano Paco Costas (director del mítico programa La segunda oportunidad), Emilo Alonso (de Radio Nacional) los catalanes Francesc Rosé y Raimon Blancaflor o el insoslayable Virgilio Hernández Rivadulla.

CERCA DEL ÍDOLO. «Antonio es el reflejo de lo que significa la profesión del periodista. Ha demostrado que no hay que ser de este sector para transmitir fantásticamente. Es un aparecido, llegado de repente, que ha sido capaz de manejar informaciones precisas y emocionar al mismo tiempo. Ha conectado con Fernando Alonso y nos ha permitido estar cerca de él porque sabía que tenía que estar cerca de nuestro ídolo», elogia Emilio de Villota, quien, con permiso del malogrado Marqués de Portago, fue de los pioneros en este país (entre 1978 y 1982) en pilotar un Fórmula 1 y despertar el interés por una modalidad deportiva entre el glamour del champán y la mugre del taller.

–Para terminar: ¿la crisis anda sin frenos?
–Espero que tenga freno, pero a los que busco para que me den argumentos que me tranquilicen me pintan un negro túnel. Me asustan.

–¿Quién da menos volantazos, Zapatero o Aznar?
–Si por volantazo entendemos rectificar trayectoria o no tener las cosas claras en política, creo que Zapatero.

–¿Para cuándo un casco con la calva de Lobato? Menudo merchandising…
–Me temo que no tendría mucho éxito. ¿Quién quiere ser calvo en este país?

–¿Le han quitado multas por aquello de «anda, si usted es de las carreras de la tele»?
–Me las han puesto y no me las han levantao. No coló. El guardia civil me preguntó: «Este año las carreras, en la 6, ¿no?». Y yo: «Sí, sí, en la Sexta».




8 de marzo de 2009,
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La otra estrella asturiana de la Fórmula 1 :: Comentarios

Nay5

Mensaje el Lun 23 Mar 2009, 10:35 por Nay5

a mi personalmente Lobato me encanta sin el las retrasmisiones no serian lo mismo Very Happy

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Sweeter

Mensaje el Lun 23 Mar 2009, 19:31 por Sweeter

A mi b me gusta como retransmite las carreras. Se nota q lo vive al 100%. Aún recuerdo la retransmisión del gran premio de Hungría 2006 cuando Alonso pasó a Schumacher por fuera. Casi se desgañita...jejeje. Como pa no.
Un crack, bueno dos cheers cheers cheers

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